Un juego de suma cero
Lectura comentada
— Manuel Ayau
Manuel Ayau parte de una observación muy simple: cuando una persona sabe hacer algo mejor que otra, no siempre le conviene hacerlo ella misma.
El ejemplo de la secretaria y la fotocopiadora es perfecto. La secretaria podría sacar las copias ella misma. Pero si el técnico gana más, lo que él deja de hacer al sacar copias (su costo de oportunidad) es mayor. Por tanto, a la empresa le conviene que cada quien haga lo que más valor aporta.
El mismo principio aplica al doctor y la enfermera. El doctor sabe preparar mejor al paciente, pero si lo hace, deja de examinar otros pacientes. Es mejor que la enfermera lo prepare, porque aunque ella lo haga peor, la liberación del doctor permite generar más valor en otras tareas.
El término técnico es costo de oportunidad: lo que dejas de ganar al elegir una cosa sobre otra.
Cuando la persona más capaz dedica tiempo a una tarea simple, está renunciando a hacer algo más valioso. Aunque lo haga mejor, el resultado neto del equipo es menor.
Esto es contraintuitivo. Tendemos a pensar: “si soy el mejor, yo lo hago”. Pero en realidad, cuando todos se especializan y delegan según ventaja comparativa, el total producido es mayor para todos.
Un juego de suma cero es aquel en el que lo que uno gana, otro lo pierde. Como el póker, donde la plata no se crea ni se destruye, solo cambia de manos.
Una transacción económica entre dos personas no es suma cero: ambas pueden ganar. Si tú me vendes pan que yo valoro más de lo que tú valoras tu tiempo, y yo te pago con dinero que tú valoras más de lo que valoras tu pan, los dos ganamos.
El mercado, el comercio, la división del trabajo y la especialización son los mecanismos que permiten que ambas partes ganen. La riqueza total crece, no solo se redistribuye.
Manuel Ayau usa el ejemplo del barbero para mostrar que aunque un barbero no aumenta su propia productividad con los años, sí gana más si vive en un entorno próspero.
Un barbero en Chicago gana más que uno en Guatemala no porque sea mejor cortando pelo, sino porque las personas a su alrededor son más productivas y ricas. Pueden pagarle más, y al hacerlo, el barbero gana y la comunidad lo retiene.
Cuando la productividad de tu vecino sube, sus costos bajan, y puede pagarte más por lo que tú haces. Tu trabajo se vuelve más demandado y mejor remunerado, aunque tu productividad individual no haya cambiado.
Las regiones también se especializan: textiles en las Carolinas, seguros en Connecticut, cerámica en Italia, electrónica en Silicon Valley, relojes en Suiza.
Esta concentración geográfica crea redes de conocimiento, proveedores especializados, técnicos expertos y mejoras continuas. La productividad aumenta y los costos bajan. Todos se benefician.
Manuel Ayau fue un pensador liberal guatemalteco, rector de la Universidad Francisco Marroquín. Este fragmento es uno de los más claros sobre por qué el comercio y la cooperación crean riqueza.
Lo más importante: tu propio bienestar está atado al de tu entorno. Si tu familia, tu pareja, tu comunidad prosperan, vos prosperás. Por eso ayudar a los demás no es solo bondad: también es una inversión en tu propio futuro.
“No es necesario pelearse ni competir destructivamente. El comercio libre y la especialización hacen que todos podamos ganar al mismo tiempo, incluso si somos muy diferentes.”
Lectura comentada del libro de Manuel Ayau
Hecho con cariño